LA LEGIÓN PERDIDA

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la legion perdida santiago posteguillo

 

La legión perdida” es la tercera novela de Santiago Posteguillo  sobre el emperador Trajano, con la que pone fin a la gran trilogía iniciada con “Los asesinos del emperador” y continuada con  “Circo Máximo”.

 

Santiago Posteguillo (Valencia, 1967) es uno de los escritores más prestigiosos de nuestro país, habiendo sido galardonado con diversos premios de narrativa histórica. En este ámbito destacan sus dos grandes trilogías, la primera, sobre Escipión el Africano (Africanus: el hijo del cónsul, Las legiones malditas, La traición de Roma) y la segunda, la dedicada al gran Trajano. (www.santiagoposteguillo.es)

 

“La legión perdida” narra dos momentos clave de la historia de Roma, sucedidos en el mismo lugar, Partia, pero en dos épocas distintas. La primera, en el siglo I a.C., en tiempos del triunvirato formado por Julio César, Pompeyo y Craso, cuando éste último, acompañado de sus legiones cruzó el Eufrates para conquistar el imperio parto e igualar así la grandeza militar de César y Pompeyo. La segunda transcurre ciento cincuenta y nueve años después, cuando Roma es gobernada por el emperador Trajano y su sueño es la conquista del inmenso territorio de Partia, clave en el control de la importante ruta de la Seda.

 

A través de los dieciséis capítulos o libros de “La legión perdida”, ocho por cada una de las dos épocas, Santiago nos acerca la historia de la legión perdida de Craso y su legendario destino en los confines del mundo. La épica conquista de Partia por parte de Trajano, acompañada del fantasma de la legión perdida, también está magistralmente narrada y entremezclada con las historias que suceden a miles de kilómetros del Imperio romano, en la lejana Xeres, lugar originario de las sedas y otros preciados objetos muy demandados por las élites romanas.

 

La novela está plasmada de personajes muy interesantes, como el centurión, oriundo de Cartago Nova, Druso, acompañado de los inseparables legionarios cordobeses Cayo y Sexto, o el general del imperio han, el chiang-chün, Chen Tang, ejemplos todos ellos de la férrea disciplina militar, la solidaridad o el trabajo en equipo. La época ulpia también cuenta con una gran variedad de protagonistas, como los leales senadores Nigrino, Celso, Palma y el inseparable legatus de Trajano, Lucio Quieto, sin el apoyo de los cuales probablemente los grandes logros del emperador no hubieran sido los mismos. Otros grandes protagonistas de las distintas historias que se entremezclan en la novela son la guerrera sármata Alana, la princesa parta Aryazate, los arsácidas Vologases y Osroes, el bello Arbandes, hijo del rey de Osroene, la monja budista Buddahamitra o la emperatriz Deng, Fan Chun y Li Kan, en el Imperio han.

 

Mención especial merece el gran arquitecto Apolodoro de Damasco, el creador del puente sobre el Danubio que permitió la conquista de la Dacia. La campaña parta permite nuevamente la aparición de la genialidad del sirio con dos aportaciones fundamentales para el éxito de la misma,  el diseño de un peculiar sistema defensivo, creado para evitar el impacto de las temidas flechas partas, que habían asolado a las legiones de Craso varias décadas atrás, y su gran idea para permitir que la flota naval romana se desplazara del río Eufrates al Tigris,  circunstancia clave para que las legiones romanas pudieran culminar la toma de la capital parta, Cesifonte.

 

Como en toda buena historia, y como en la vida misma, personajes siniestros y crueles también tienen su momento de gloria en la novela. En el imperio parto, el rey de reyes Osroes y su hijo Partamaspates se llevan la palma, capaces de perpetrar una auténtica matanza, siguiendo una antigua tradición parta, sobre la cual no entramos en detalle por si no habéis leído la novela. Mención aparte merece el sobrino de Trajano, Publio Elio Adriano. Considerado por la Historia como uno de los cinco emperadores buenos, su acceso al trono imperial, según nos narra Santiago Posteguillo en la novela, lo coloca desde luego a la altura de lunáticos como Domiciano.

 

Dado que lo mejor hay que dejarlo para el final, toca mencionar a los dos grandes personajes de la novela, el propio Trajano, el mejor emperador de la historia de Roma, y Lucio Quieto, su lugarteniente, amigo personal del emperador, extraordinario militar y, posiblemente la persona más capacitada para haber continuado la magna obra de Trajano, consolidando las conquistas que llevaron a la creación de las nuevas provincias de Armenia, Mesopotamia, Asiria y Babilonia, la mayor extensión alcanzada nunca por el Imperio romano.

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